dijous, 21 d’abril del 2011

10A + C = ∞D

La fórmula que da título a este post expresa la teoría filosófica, según la cual, si a cada diez aforismos le sumamos una conclusión, el resultado será de infinitas dudas. Así pues, lo que podemos asegurar es que el hecho de pensar nos lleva necesariamente al hecho de dudar, cuando sumamos el hecho de pensar una conclusión basada en datos de la experiencia, obtenemos el hecho de dudar.

Si aplicamos ésta fórmula a la inversa, o sea con datos de la experiencia que nos lleven a un valor cero en la segunda parte de la ecuación, veremos cómo el hecho de pensar no ha sido, en este caso, ocasionado. Por eso, nos podemos dar cuenta de que detrás de los discursos de la política, al igual que de la religión, el pensamiento no existe.

Pero, para expresar ésta fórmula filosófica con más claridad veamos un ejemplo:

1) La democracia nació para mostrarnos cómo comprar la libertad. De hecho, en la antigua Grecia, donde se acuño el término solo los hombres libres podían ser ciudadanos.

2) Los dogmas religiosos son el principio de nuestro fin, no en vano basan todo su argumento en la muerte del ser humano.

3) En la oscuridad de la Edad Media, los guías de la humanidad gozaban con la tortura, tornaban el mensaje de dios en sangrías mentales.

4) La luz de París proviene del fuego traidor, aquel que te convence de su caliente candor mientras te abrasa el corazón.

5) Los imperios se repiten proporcionalmente a los delirios de su grandeza. Éste es el primer síntoma a tener en cuenta en la previsión del desastre.

6) La ciencia revolucionó, revoluciona y revolucionará todas las mentes existentes. Por eso intentaron, intentan e intentarán asesinarlos a todos.

7) La música suena en las calles, ajena a todo este embrollo, nos deja extasiados al oírla. El éxtasis es nuestra salvación.

8) La literatura y la poesía (las gemelas) luchan contra los titanes del poder cubriendo el horizonte de palabras inmortales.

9) El arte expresa, sin verbo que declinar, los pensamientos que prohíbe el poder. Ni el más poderoso de los poderes puede destruir sus imágenes.

10) Cuando cae la noche y las luces alumbran las esquinas, la filosofía baja de los tejados para avivar el pensamiento de los humanos con la esperanza de no tener que bajar nunca más.

Ahora, a estos diez aforismos le sumaremos una conclusión tal que:

+ Aunque tengamos todos los recursos para poder ser libres, al alcance de la mano, cuando llega un nuevo día y el sol se asoma por el este, vuelven las cadenas a sujetar nuestras extremidades mientras, aves carroñeras, devoran nuestros sesos y recaudan nuestra vida.

Así pues, el resultado de esta suma será:

“Por qué nos sentimos libres si no estamos seguros? Cuando nuestra vida se agota, porque nos la han robado, por qué tenemos que trabajar más? Si nos dicen a quién tenemos que elegir, por qué lo llaman libertad? Y así….ad infinitum!”

En fin, curiosa fórmula.

diumenge, 27 de març del 2011

El mercado no existe, o por lo menos no debería existir.

Hace ya unos cuantos años que me invade esa sensación de no saber, realmente, porqué los parásitos del sistema insisten en propagar los dictados del supuesto mercado. De hecho, tengo la certeza de sentirme engañado si pienso que aquello que dice que afirma el supuesto mercado es verdad. Es una situación verdaderamente absurda, ya que sabiendo que no es verdad lo que dicen he llegado a creer que sí lo es.

Esto, aunque parezca inofensivo, es más peligroso que un político delante de un micrófono. No hay más que levantar la vista del libro que lees sentado en el metro, o dejar el móvil en silencio mientras esperas al autobús, y observar atentamente a la gente que te rodea para al poco tiempo empezar a darte cuenta de qué forma cargan con todas esas patrañas. Ves al parado, repasando su currículum camino de la oficina del INEM, y no percibes esperanza sino más bien temor ante cual será el veredicto de uno de los inermes acolitos del tinglado en el que vivimos. Puedes ver a los trajes con patas, maletín y móvil de última generación, monopolizando las aceras de los centros urbanos tras haber infestado de mierda bursátil el ya de por sí mermado sistema que padecemos. Oyes contínuamente vociferar palabras sin sentido y contagiosas, lanzar misiles que destruyen cualquier edificio que esté levantado con cimientos ajenos a sus beneficios, palabras que nos distraen y anulan para, poco a poco, convertirnos en raciones preparadas para ser devoradas por extraños exhumanos.

Por todo esto y muchas más desdichas, creo que el mercado no existe, que no es más que un insoportable ruido que no deja que nos escuchemos, que escuchemos nuestras opiniones, para quitarnos nuestra existencia y así sí, cuando esto ocurre y sólo entonces, existir. Todo depende de nosotros, de los que aún no hemos dejado de existir.

Recuerdo, hace ya unos años, que dos amigos discutían acerca de qué era lo que mantenía viva la existencia del mundo. Uno de ellos, estudiante de economía, creía con religiosa alegría que eran el comercio y el dinero quienes dan lucidez al mundo y determinan nuestra existencia en el futuro. El otro, estudiante de derecho, le corregía que sin leyes que estableciesen las rutas del comerciante, el propósito del negocio no podría ser efectivo y el caos haría peligrar continuidad del hombre en la tierra. Entonces yo, que por aquel entonces era un humilde estudiante de filosofía, les miré y espere a que terminaran su combate para decirles que sin el hombre nada existiría y que sólo el hombre determina su propia existencia.

Así que, aparte de teorías de cuerdas sobre la composición del universo, por lo que respecta a nosotros, nada ni ningún mercado que no sea nuestra madre puede decirnos quienes somos. Pensadlo.